Destrucción de empleo y generación de desigualdad


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Un reciente estudio de Cepal sobre la regulación laboral en América Latina [1] señala que en la década de los 80 y los 90 se aplicaron en la región y, en la Argentina en particular, las políticas de flexibilización recomendadas por el Consenso de Washington, y que, en cuanto a los resultados obtenidos dichas políticas no generaron los efectos deseados. El peso creciente del mercado impuso estrategias de flexibilización laboral, de descentralización de la negociación colectiva, de privatización de las pensiones y de los seguros de salud generando un aumento de la informalidad laboral, de las desigualdad y una reducción de la protección social, sin que se consiguiera estimular el crecimiento del empleo. En efecto, el comportamiento del mercado de trabajo no mejoró de manera significativa tras las reformas y, así, la expectativa de que la liberalización comercial incrementaría la demanda de mano de obra no se cumplió. En cambio, la inestabilidad laboral aumentó en la región durante los años noventa. La flexibilidad salarial era elevada en América Latina entre 1980 y 2000 y la información disponible revela que los salarios reales de la industria manufacturera registraron ajustes a la baja. Así, para el conjunto de la región, la participación de los salarios en el PIB descendió –según la OIT- en 13 puntos porcentuales entre 1990 y 2005.

En este contexto regional, en el que se indujo un desacople entre trabajo, salud y protección social, emerge la crisis del 2001 con una desocupación que supera el 20%, y una informalidad laboral que alcanza al 50% de la PEA y un índice de pobreza que sumerge al 50% de la población. El gobierno que surge en el 2003, cambia radicalmente el paradigma, priorizando al empleo como factor de inclusión, promoviendo la negociación colectiva, convocando al Consejo del salario de carácter tripartito después de 13 años de inactividad y ubicando al empleo como eje de las políticas públicas. Al igual que pocos años después va a cambiar el paradigma de la protección social, al universalizar la protección para menores y mayores, (con la AUH, con moratorias previsionales) y al sostener aumentos jubilatorios a través de la Ley de movilidad.

Porque el trabajo es la principal dimensión que articula la macroeconomía con los hogares. El 80% de los ingresos de los hogares en el mundo proviene de fuentes salariales y, eventualmente, de las previsionales, que también – al menos en los modelos de economías semi o desarrolladas- están vinculadas con la “ relación laboral”. Así el desempleo disminuyó a menos del 6%, la informalidad se redujo en 15 puntos porcentuales, el salario real se mantuvo – en general- por encima de cualquier dato inflacionario durante el período 2003-2015.

El empleo y los salarios juegan un papel fundamental a la hora de analizar las desigualdades. La mayoría de los organismos internacionales explica el aumento de la inequidad que se va extendiendo y agravando globalmente –aunque reconociendo la multiplicidad de dimensiones y factores que actúan– por la pérdida de la participación del ingreso del trabajo y de los trabajadores en las rentas nacionales. La desigualdad es un fenómeno que se vincula estrechamente con la calidad y cantidad del empleo, con la forma en que se distribuye el ingreso entre capital y trabajo y con la institucionalidad laboral, entre otras dimensiones.

Como señalan Piketty, Stigliz, Amable y muchos otros autores, “la desigualdad es una decisión política” la desigualdad no es una consecuencia del funcionamiento de la economía, sino el resultado de decisiones políticas expresadas en instituciones, y la jerarquía de estas es también un determinante del compromiso de cada Estado con su sociedad .

Y este es el gran cambio que estamos viviendo en la Argentina de hoy !!! Una vuelta a un paradigma – con cambios – pero semejante en muchos aspectos al de los 90. El empleo y el trabajo pierden su centralidad en las políticas públicas y su capacidad de distribuir dignidad. Se vuelve a dejar el trabajo en manos del “mercado”, lo que significa que lo que se desprecia es la dignidad que otorga. Plantear que los convenios colectivos son del Siglo XX es desconocer que está demostrado a nivel internacional que la negociación colectiva por rama es uno de los factores que más promueve la igualdad por evitar heterogeneidades salariales y por favorecer con ello la capacidad de consumo de los mercados internos. O eso es lo que se quiere destruir? Debilitar una vez más al movimiento obrero, y al mismo tiempo reducir su capacidad de consumo? Quién puede sostener hoy que una economía puede crecer o sostenerse sin mercado interno? Cuando al mismo tiempo se reduce drásticamente los recursos para ciencia y tecnología, cuando la innovación es fuente de competitividad y productividad.

Hemos perdido más de 100.000 puestos de empleo privado registrado (además del cambio de metodología que pasó de analizar puestos de trabajo a personas entre septiembre de 2016 con respecto al mismo mes de 2015, por los datos del SIPA / AFIP, según el Ministerio de Trabajo,). La dinámica contractiva fue más alta en Construcción (54,1 mil trabajadores), Industria manufacturera (44,5 mil trabajadores), y Actividades empresariales, inmobiliarias y de alquiler (13,8 mil trabajadores). Pero sabemos que desde septiembre hasta aquí se continuaron perdiendo puestos de trabajo, que las suspensiones son las más altas desde hace muchos años, que nuevamente se han anticipado vacaciones y que hay sectores productivos enteros al borde de la destrucción. La EPH mostró un aumento significativo del desempleo y de la subocupación El mismo programa de desarrollo productivo del gobierno plantea la necesidad de reconvertir medio millón de trabajadores, al plantear la inviabilidad de muchos sectores productivos. Reconvertirlos hacia dónde? Hacia qué? Ha aumentado el desempleo juvenil entre el tercer trimestre del 2015 y el mismo trimestre del 2016, hay casi el doble de jóvenes desocupados en un año. Porque no sólo hemos perdido trabajadores asalariados, dejamos de crear empleos dignos, aumenta el cuentapropismo, la informalidad se mantiene, el miedo a perder el trabajo aumenta, etc.

Esta nota comenzó recordando la ineficacia de muchas de las políticas que hoy se quieren volver a aplicar para la generación de empleo, pero de hecho, provocan un aumento de la desigualdad al reducirse la proporción que la masa salarial tiene sobre el producto, al reducirse el ingreso real de los trabajadores registrados (que son menos y con salarios reales a la baja). Esta reducción supera el 40% anual y es mayor para los asalariados del decil de menores ingresos. Argentina, Colombia y Uruguay – constituyen un grupo de los países a nivel internacional – únicos latinoamericanos que figuran en la World Income Database- que concentran la mayor desigualdad del ingreso (por la alta proporción en que el 1% de la población se apropia del conjunto del producto). Lo que se quiere es aumentar más aún esta concentración?

Lo que la Argentina necesita es desarrollo, y eso es crecimiento con bienestar, en un mundo con cada vez mayor incertidumbre, El crecimiento, por sí solo, no es una condición para la mejora del bienestar; se requieren cambios profundos y estructurales para que el crecimiento no se base en la explotación de los recursos naturales sujetos a mercados volátiles y especulativos y con escasos retornos para el país por la baja en las retenciones. El Estado tiene un rol importante para jugar con los actores sociales, empresarios y sindicatos estableciendoun diálogo decisivo tanto para la política de cambios estructurales como para la defensa de los derechos y las instituciones laborales. Es necesario una coherencia de políticas y no una desarticulación entre las políticas macroeconómicas y comerciales con las laborales y sociales. Se requiere, sobre todo, la reivindicación del valor de la igualdad de oportunidades, de derechos y de acceso a los bienes sociales. Y es imprescindible una toma de conciencia, la defensa y lucha por la preservación y extensión de estos derechos para no reiterar el stop and go no sólo de la economía argentina, sino de los movimientos pendulares en el bienestar y en la justicia social. Pero me parece que estamos lejos, muy lejos de este objetivo!!

[1] Regulación del mercado de trabajo y protección social en países de América Latina, novirmbre 2016 Serie Documentos Sociales