El conocimiento como herramienta de soberanía


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La ciencia y la tecnología (CyT) es parte fundamental del mundo que nos rodea. En las últimas décadas los países más desarrollados del planeta avanzaron decididamente en sustituir la economía del capital por una economía basada en el conocimiento científico-tecnológico. En este contexto los sistemas de CyT de cada país o región constituyen las herramientas fundamentales de  transformación social y económica.

El dominio de la ciencia y la tecnología es un bien estratégico para cualquier nación que pretenda no sólo resolver con autonomía los problemas que surgen en el seno de su Sociedad sino también se constituye en un elemento clave para convertirla en un actor capaz de competir con éxito a nivel mundial con productos y servicios innovadores. El desarrollo científico tecnológico de los países líderes tiene décadas de impulso sostenido con el Estado como principal financiador pero con actores privados que actúan como aceptores del conocimiento generado por Universidades y centros de investigación. Este sector se apropia del conocimiento y asume, si el riesgo tecnológico lo indica, el largo camino de llevarlo al mercado. La existencia de capitales de riesgo apoya la creación de pequeñas empresas de base tecnológica propietarias de licencias derivadas de la actividad de investigación pero que a su vez en un ciclo creciente terminan alimentado a las grandes empresas. Esto lleva a una clara concentración del dominio tecnológico en pocos países y grandes complejos industriales.

La situación en los países en desarrollo es diferente en cuanto a que en la mayoría de los casos no cuentan con un sector privado dinámico capaz de cumplir con ese papel y además el capital de riesgo es escaso o está completamente ausente. Si la decisión del Estado es avanzar en el dominio de las tecnologías debe ser él quien debe soportar todo el peso de la generación de conocimiento y su implementación tecnológica como así también promover la creación de toda la cadena de pequeñas empresas capaces de actuar como proveedores de los insumos necesarios para que la tecnología llegue al mercado. Para que este proceso sea exitoso se requiere de políticas de largo plazo e inversiones considerables a fin de construir un sistema de CyT eficiente que involucre tanto a Universidades como Organismos y empresas estatales. Los requisitos mínimos implican la existencia de personal altamente calificado y de una infraestructura adecuada para llevar adelante la investigación y la implementación de la tecnología.

En este escenario es lógico que los países líderes traten de impedir o al menos dificultar el desarrollo tecnológico de los países emergentes no sólo para evitar posibles competidores sino también para que cumplan su rol de clientes tecnológicos. Para ello necesitan que estos Estados y sus industrias sean dependientes de sus tecnologías asegurándose estos mercados por décadas. Hay numerosos ejemplos en el pasado de nuestro país cuando se discontinuaron proyectos tecnológicos estratégicos por presión de los centros internacionales de poder.

Existen áreas muy sensibles y estratégicas para nuestro país en las cuales se requiere desarrollos científicos tecnológicos propios. En este contexto mencionaré sólo algunas. En el caso de Argentina con un extenso territorio las comunicaciones y el monitoreo del mismo es un tema crucial. La tecnología satelital es sin duda la más adecuada para estos fines. El desarrollo de la industria satelital de Argentina se remonta a la década de los 90 con la creación de la CONAE. Sin embargo, esta recién toma un impulso decidido en los últimos diez años contando hoy con una ley que la protege. Posee actores destacados como AR-SAT, INVAP, VENG, entre otros, quienes interactuando con organismos de CyT y Universidades han demostrado la capacidad de desarrollar el conocimiento tecnológico necesario para fabricar satélites y desarrollar cohetes lanzadores impulsando la soberanía espacial y comunicacional de Argentina. En este campo existen capacidades para que AR-SAT pueda competir en el mercado internacional, en particular en países de la región, un negocio dominado por unas pocas empresas del exterior.

En lo referente a soberanía energética, existen al menos tres temas relevantes donde es necesario más investigación y desarrollo: los recursos no convencionales de petróleo y gas, de los cuales Argentina posee el cuarto y segundo lugar en reservas del mundo, el sector nuclear donde Argentina tiene una tradición de liderazgo, y la tecnología del litio donde Argentina tiene el tercer lugar en reservas mundiales.

La explotación de los recursos no convencionales de gas y petróleo es uno de los desafíos más grandes que enfrenta el país en materia tecnológica. Es necesario avanzar en el conocimiento de temas relacionados con una eficiente fractura de la roca, desarrollar materiales de sostén, equipamiento específico para todas las etapas de producción, crear la logística e infraestructura para garantizar la explotación y el transporte, y todo ello preservando el medio ambiente. En esta tarea YPF trabaja junto a Y-TEC, la empresa de base tecnológica de YPF-CONICET, creada en 2012 y que hoy cuenta con más de 10000m2 de modernos laboratorios y equipamiento en Berisso. YTEC, en sociedad con Universidades Nacionales, también se encuentra desarrollando los materiales necesarios para la fabricación en el país de baterías de ion litio, en particular, para almacenamiento de energía. El sector nuclear sigue siendo muy importante para diversificar la matriz energética que hoy tiene un 80% de base en los hidrocarburos siendo una meta razonable llegar en los próximos años al 10% en materia nuclear. Es importante recordar que esta tecnología tiene también usos en medicina y la producción de radioisótopos para la industria. En este campo la Argentina tiene capacidad demostrada para exportar tecnología a nivel internacional en reactores nucleares basados en los proyectos que desarrollan CNEA e INVAP.

Otro campo que requiere avances importantes es en soberanía alimentaria. Hoy el mercado de semillas desde el maíz a la soja está en manos de cinco empresas multinacionales que comercializan el 90% de las semillas que se venden en el país. Argentina debe producir sus propias semillas para abastecer a los productores locales y competir en el mercado internacional. Los científicos argentinos han demostrado que son capaces de desarrollar productos avanzados de biotecnología vegetal tales como la soja tolerante a la sequía y a la salinidad (CONICET-UNL-Bioceres), papa libre de virus (TECNOPLANT-Biosidus-CONICET) y caña de azúcar resistente a herbicidas (Estación Experimental Obispo Colombres-CONICET), los dos primeros eventos ya fueron desregulados por la CONABIA y el SENASA a fines del 2015 para su comercialización en el país. A su vez el país cuenta con biofábricas en distintas provincias, Misiones, Tucumán, La Rioja y Chaco, que junto a los centros de investigación en biotecnología del CONICET y las Universidades Nacionales y con el apoyo del INTA pueden llevar adelante otros desarrollos económicamente importantes y capaces de competir en los mercados internacionales.

Hoy es posible avanzar en estas tecnologías porque durante el período 2003-2015 el Estado nacional realizó una inversión inédita en nuestro país para reconstruir un sistema científico-tecnológico-universitario que se encontraba prácticamente desmantelado luego de una década de políticas neoliberales que asolaron la región. Así en el año 2015 se llegó a una inversión en el rubro de CyT del 0,7 % de un PBI que alcanzó los 500000 millones de dólares, datos que contrastan con los existentes en 2004 cuando esta cifra era sólo del 0,4 de un PBI de 250000 millones de dólares. Pero no menos importante: también puso al conocimiento generado por los científicos y tecnólogos en el centro de las políticas del Estado, revalorizando su rol en el desarrollo de la Sociedad. En este contexto multiplicó por 4 los presupuestos anuales destinados a todos los Organismos de CyT y del sistema universitario (medidos en dólares estadounidenses). Se crearon más de una decena de Universidades Nacionales y se fortaleció las ya existentes con más infraestructura impulsando la formación de graduados universitarios y formando personal científico-tecnológico calificado en particular a través de becas y cargos en el CONICET, a cuyos centros e institutos se los dotó de modernos laboratorios y equipamiento. En este sentido Argentina se encuentra hoy como líder en la relación personal científico por 1000 habitantes de la población económicamente activa de Latinoamérica y debería seguir fortaleciendo estas cifras en los próximos años para alcanzar las que presentan los países más desarrollados.

Estos 12 años han permitido construir la plataforma sobre la cual se han desarrollado proyectos estratégicos para el país en soberanía espacial, nuclear y alimentaria. Quedará como interrogante si el nuevo Gobierno seguirá en esta línea de apostar al conocimiento para el desarrollo de la Sociedad y en la construcción de un país tecnológicamente soberano.