La unidad sindical que viene desde las bases


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Entrevistamos a Roberto Pianelli, Secretario general de la Asociación gremial de Trabajadores de Subte y Premetro, Metrodelegados. Nos cuenta una experiencia sindical distinta, profundamente democrática y combativa. Y en el relato de esta experiencia se nos aparece un dilatado cuadro del mundo sindical y político argentino de los últimos años.

¿Desde cuándo crearon el sindicato de los trabajadores del subte?

La creamos en el 2008, yo llevo cinco años como Secretario General, desde que ganamos la primera elección, luego hubo una segunda que también ganamos. Con la misma lista, pero antes yo era Secretario General y ahora soy Secretario adjunto.

¿Y ahí fue que decidieron que iban a pertenecer a la CTA y no a la CGT?

Claro, bueno no teníamos muchas alternativas, es decir en la CGT estaban nuestros queridos y entrañables amigos de la UTA y aparte en ese momento estaba operando fuertemente para que no se nos reconozca el sindicato toda la CGT. Tenemos igualmente relación con casi todos en la CGT, no es mala la relación, pero desde el punto de vista institucional cuando nosotros peleábamos por el reconocimiento, la CGT opero en contra y algunos directamente no hicieron nada y otros operaron en contra. La  que estuvo a favor fue obviamente la CTA que bancó que nos reconozcan, hizo una campaña pública muy fuerte y eso obviamente después tuvo sus consecuencias. Nosotros decidimos entrar a la CTA que considerábamos un espacio en donde nos sentíamos cómodos.

Más allá de todos estos pormenores concretos ¿sigue teniendo sentido la división CTA- CGT?

La división CTA -CGT, es una división, como dice mi novia, de la década del ´90. Es como las canchas de paddle o el video club o los parripollo, es una división que tiene una razón de existencia real en la lucha de los trabajadores, en la década del ´90 un sector muy grande del sindicalismo argentino se transformó, hubo una modificación. Esto es importante desde el punto de vista sociológico para entender cómo un sector grande de lo que tradicionalmente era conocido como la burocracia sindical,  se transformó en empresarios que se quedaron con parte de las privatizaciones, fueron parte del negocio y dejaron de atender a la clientela como decían ellos, de atender a sus afiliados para dedicarse a sus negocios. Hubo otro sector que no, que no se transformaron en empresarios, algunos mantuvieron la misma lógica que históricamente habían tenido de sindicato bajo la misma prédica o la misma construcción de los sindicatos vandoristas o peronistas e hicieron lo que conocimos como el MTA (Movimiento de Trabajadores Argentinos) y hubo otros sectores de sindicatos que dijeron: bueno, este proceso ya no da para que haya una sola central y construyeron una nueva central, primero lo que fue el Congreso de Trabajadores donde terminó fundándose la  CTA.
Nosotros no venimos de ese proceso, ninguno de nosotros viene de ese proceso, ni de la CTA; sí éramos parte del MTA en su momento porque estábamos dentro de la UTA (Unión Tranviarios Automotor) pero con una relación contradictoria porque la UTA en el subte era más parecida a “los gordos”, más parecida al sindicato empresarial que a lo que la UTA hacía a nivel nacional. Bueno, esa división es clarísima, se apoyaron en el gobierno de Menem de destrucción de la economía nacional, destrucción de la industria nacional, destrucción de las conquistas históricas de la clase obrera un sector importante del sindicalismo y apareció otro sector del sindicalismo que decidió confrontar, y de ahí nace la CTA, de ese momento. Esta división empieza a hacer crisis en la medida que cambia el gobierno de Menem y llegó el gobierno de la Alianza que más o menos tiene una continuidad, empieza a generar una determinada crisis. Ya con el gobierno de la Alianza el MTA pasa a conducir, o a semi conducir, también la CGT. Hacen algunas huelgas generales en la época de De la Rúa y la CTA seguía en la calle siempre, hubo muchas formas de lucha y organización, como el Frenapo (Frente Nacional Contra la Pobreza), formas que expresaban la pelea de cada momento. Pero cambian muchas cosas con el gobierno de Néstor Kirchner, esas estructuras empiezan a no tener sentido, a tener dificultades. En ese momento se producen unas nuevas divisiones entre quienes dentro del sindicalismo apoyaban o reivindicaban el proceso abierto con el kirchnerismo; fundamentalmente el desarrollo del mercado interno, la economía centrada en el mercado interno y que no tenga privilegio el capital financiero o, mejor dicho, la visión de que la economía argentina no gira en torno al capital financiero, el intento de reindustrializar la Argentina. Esta política que generó muchos puestos de trabajo, se habla de 4 o 5 millones de puestos de trabajo que se generaron fundamentalmente basados en el mercado interno y en altos consumos de sectores muy importantes de la población. En ese proceso, en el sindicalismo se vuelven a generar divisiones, pero no creando nuevas siglas. De hecho la CGT se parte en tres, primero se parte en dos: un sector que claramente se pone en la oposición que mantenía la misma lógica de construcción de la década del ´90, Barrionuevo históricamente estuvo en contra, igual que el Momo Venegas, totalmente en contra del gobierno porque precisamente atacaba privilegios que ellos tenían, y la CGT mayoritaria que apoyaba al proceso en su conjunto, inclusive muchos de los que habían sido del sindicalismo empresarial, también se sumaron al apoyo de este proceso porque crecía su base de sustentación, había un crecimiento en el país fundamentalmente. Después de eso hubo un gran quiebre dentro de la propia CGT, el quiebre entre los que apoyaban al gobierno kirchnerista y los que no apoyaban. Entonces termina dividiéndose casi podíamos decir en tres, y este mismo fenómeno se da dentro de la CTA, que había sido históricamente combativa y empieza a haber dos sectores: uno diciendo que esto era más de lo mismo, que era continuismo de lo anterior y otro sector que decía no, acá se están transformando cosas y hay que apoyar los aspectos positivos que tenga este proceso y obviamente tratar de profundizarlo. Por eso nos encontramos con cinco centrales de trabajadores. ¿Pero qué tenemos en realidad? Si uno tuviera que decir hoy en día con el gobierno de Macri ¿Por qué se dividieron? ¿Por qué están divididos?  Y hoy no sabemos, hoy no lo tenemos muy claro, todo ya empieza a reconfigurarse. Por ejemplo: Barrionuevo y Roberto Fernández de la UTA, que dicen claramente que son oficialistas, ellos no tienen ningún problema, Fernández anunció los aumentos con el ministro de Transporte Dietrich, los aumentos de transporte ¿se entiende?, Barrionuevo que se va el 1° de Mayo a festejarlo con el Presidente de la República. También hay otro sindicalismo que dentro de la CGT no hace nada, que se comió el mazo con el veto a la ley de prohibición de los despidos, que está en una situación dubitativa pero más conciliadora, y obviamente la CTA, que se empieza a juntar de nuevo en el marco del enfrentamiento con el gobierno.

Pero lo interesante, quizás habría que estudiarlo, porque ahora vamos a ver cómo esto se va a seguir desarrollando, se habla de la unidad de la CGT, vamos a ver si hay unidad de la CGT y en caso de que haya unidad, veremos si todos van a entrar y cómo va a ser esa unidad. Está todo muy pero muy agarrado de hilos precisamente por esta contradicción política. Y en la CTA ha habido casi un proceso de volver a transitar juntos este recorrido, este presente.

¿Pero por qué se da esto hoy? Porque en la década pasada, o mejor dicho en los 12 años kirchneristas, no hubo un cambio superestructural importante en el sindicalismo, por eso no surgieron otros fenómenos distintos, pero no solamente en la superestructura de las centrales, tampoco surgieron en los sindicatos. El kirchnerismo fue un proceso muy progresivo para los trabajadores, de amplia conquista de derechos, pero no surgieron nuevas conducciones, nuestro caso quizás es el más extraño de todos, uno puede preguntar ¿qué oposición ganaron los sindicatos? Que yo conozca, ATE capital, nosotros que hicimos otro sindicato, después no ha habido grandes modificaciones en ningún lado en el sindicalismo argentino.

¿Por qué? Es interesante quedarse en eso un poco.

Porque yo creo fundamentalmente que la confrontación, el adquirir derechos, el mejorar las condiciones de vida, no se centró en las luchas de los trabajadores, sino que tuvo como eje fundamental una política nacional, una política desde el estado de mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora y de ampliar el empleo en la Argentina, de industrializar. ¿Esto qué generó? Se habla de cinco millones de nuevos trabajadores que ingresaron de nuevo a laburar, de pibes que nunca habían trabajado en su vida y que no tenían perspectiva de trabajar. En un momento, por ejemplo, a un técnico le pagaban fortuna porque no había. Bueno esta política de industrialización que tuvo el kirchnerismo y de consumo interno por ende que los salarios sean relativamente buenos para que el trabajador pueda consumir, de que las condiciones laborales sean buenas para que pueda haber cada vez mayor cantidad de trabajadores, esto llevó a que no hubiera gran conflictividad laboral. En los 12 años del kirchnerismo no hubo una sola huelga nacional de un gremio, creo que la única fue una que hizo Moyano un día que fue más una huelga política, ¿pero huelga general por salarios? Ningún gremio hizo huelga nacional por aumento de salarios en paritaria.

Vos te sentabas en la paritaria, se sentaba la empresa y nos decía: quiero aumentar el uno por ciento, y vos los echabas y les decías: vos tenés que traer una propuesta que esté por encima de la inflación y era así, vos entrabas a una paritaria y por apoyar el culo en la silla tenias ya lo de la inflación, si peleabas, si apretabas un poquito más, sacabas siempre por encima de la inflación. Salvo un año creo. Entonces no había techo, había piso y todas las paritarias fueron con piso, y eso lo garantizaba el Estado, no es que lo garantizaba la bondad de los patrones argentinos (risas).

En la primera paritaria vino la empresa y dijo: “yo voy aumentar el uno por ciento” y nosotros pedíamos el 52%, terminamos en semanas enteras de huelga y concluimos consiguiendo el 48%, pero porque el ministerio jugó a favor nuestro. Está bien: la peleamos, hicimos una huelga. Después de esa nunca más dejaron que venga una patronal y diga el uno por ciento, “No papi, tiene que ser algo razonable sino andate de la mesa y te largo a los perros para que te coman” y fue así. La izquierda es ridícula y se la pasaba hablando de que había un techo y lo que se garantizó fue un piso. Entonces, al no haber confrontación, obviamente el mismo dirigente sindical que empezó con esto termino con esto, porque ¿qué necesidad tenían de cambiarlo? Porque cambiar una conducción sindical no es ¡Uy mañana voto a otro!, tenés alguna serie de problemitas para presentar una lista opositora, en el sindicalismo argentino para presentar una lista tenés que estar muy jaqueado para jugártela y tratar de sacar una conducción sindical con lo que implica la patota, la intrínseca relación con las patronales que están al servicio de ellos, es muy difícil. Entonces no hubo necesidad objetiva, no había condiciones objetivas, hablando en términos marxistas, para la modificación de la superestructura sindical, esta es la verdad.

Ustedes protagonizaron un proceso de independencia organizativa de los trabajadores ¿Por qué no hay otros grupos de trabajadores que se les plante a los dirigentes?

Bueno, haciendo un paralelo con la independencia, uno llegó a una situación de mucha crisis para que haya un levantamiento de masas para declarar la Constitución de un país, esas son las condiciones objetivas. Quizás cinco años antes no estaban esas condiciones objetivas, nosotros somos la anticipación, una especie de cosa anterior. Yo creo que esas condiciones objetivas se dan en los momentos donde hay un gran apriete de parte de las patronales y hay una gran colaboración de parte de la burocracia sindical. La burocracia sindical tiene un poder enorme, no solamente económico sino desde el punto de vista social.Son tipos que vienen armados con mucha gente, mucha patota, se han cargado a Mariano Ferreyra, se han cargado en estos años a un montón de dirigentes sindicales, algunos más rimbombantes como el caso de lo que hizo Pedraza, pero en la década del ´80 yo vi cantidades que habían matado patotas, las muertes en la construcción que no se dan a luz porque no hay nadie que denuncie bien, porque son todos parte. Entonces salir a reventar eso, tratar de salir a jugarte para enfrentar eso, hay que estar muy decidido, arrinconado, tiene que haber las condiciones objetivas que vos veas que ellos estén mal y que vos necesites sacártelos de encima para vivir, yo creo que esas son las condiciones. Nosotros acá no teníamos alternativa íbamos a la calle todos los días, entrabamos a trabajar y no sabíamos si el día que entrábamos si cuando llegáramos al lugar de trabajo estábamos despedidos. Así estuvimos durante seis, siete años, ganábamos sueldos miserables, por ejemplo: un boletero de subte antes de la privatización ganaba 700 pesos y trabajaba seis horas, después de la privatización ganaba 435 y trabajaba ocho; es decir nos bajaron el sueldo, aumentaron las horas de trabajo y encima de eso con un régimen interno policial, y cuando digo policial es en todo sentido de la palabra: el jefe de seguridad de Metrovías era Miguel Ángel Rovila de la Triple A, que hoy por suerte está con cárcel domiciliaria. Obviamente tuvimos que salir a pelear, inevitablemente a organizarnos y tuvimos suerte, mucha suerte. Las condiciones políticas se fueron modificando, aprovechamos muy bien las posibilidades que nos dio el tiempo y esquivamos cuando se vino difícil, pudimos esquivar los balazos, tuvimos suerte y justo agarramos el proceso de transformación del país que se dio después de la crisis del 2001. Nosotros lo empezamos hacer antes, hubo algunos que no y otros que lo hicieron más o menos en la misma época que nosotros y que terminaron cayendo, acá hubo procesos interesantes, nosotros somos del subte y estamos en la capital federal, hacemos paro y sale en el New York Times, pero otros como Propulsora de La Plata estuvieron parados tomando la fábrica y no se entero ni el loro, nos enteramos nosotros y ahí había nuevas conducciones, terminaron enfrentándose con la policía y con la burocracia sindical, los sacaron. Los trabajadores del casino que estuvieron un mes y medio acampando en Plaza de Mayo y terminaron perdiendo la lucha con mil y pico de despidos. Es decir que hubo otros que pelearon, no es que fuimos los únicos. Nosotros tuvimos la suerte de poder sobrevivir para contar esta historia, pero hubo otros que también pelearon, quedará el balance de todos los que peleamos porque algunos estuvimos bien y otros estuvieron mal, hubo errores políticos claramente, no esquivo eso. Pero era poco, yo lo que quiero remarcar es que era poco, que estábamos hablando de sectores muy chicos dentro del conjunto del movimiento obrero, en la década del ´80 hubo muchísimos más pero muchísimos más, a la salida de la dictadura muchísimos más sectores que salieron a enfrentar a la burocracia a recuperar los sindicatos o a tratar de que esos sindicatos se transformen en sindicatos independientes que defiendan los intereses de los trabajadores y no sindicatos aferrados a las políticas de las patronales.

Un fenómeno que se ha mostrado persistente es la existencia de un enorme sector de los trabajadores que no está sindicalizado, ya sea que trabajen en negro o en blanco. Un montón de gente que labura y que no tiene conciencia y participación sindical. La CGT de eso no habla.

Son varios problemas surgidos en su mayoría en la década del ´90, algunos se empezaron a resolver en la década kirchnerista y otros que no se resolvieron. Primero baja la tasa de ocupación, casi una reivindicación histórica del empresariado argentino. Me basta decir que el sindicalismo argentino es uno de los más poderosos del planeta, sino el más poderoso, está entre los más poderosos. Entonces en la década del ´90 hubo un debilitamiento muy grande pero no de la afiliación, porque la afiliación se transformó casi en una formalidad, fundamentalmente la organización de base de la clase trabajadora que son las comisiones internas, los cuerpos de delegados, ¿qué intentaron hacer en la década del ´90? Acabar en la mayor parte de los lugares con los delegados de base, con los delegados de las comisiones internas. Desaparecieron de las empresas chicas, desaparecieron los cuerpos de delegados, después de la paliza de los ´90 desaparecen, en las grandes siempre se mantuvo. Pero las chicas desaparecieron, entonces no había organización de base, los sindicatos, como muchos, se transformaron en sindicatos empresariales ¿qué hacían? Si no tenían afiliados no importaba, firmaban un acuerdo con las patronales, acordaban: “Te pago el uno por ciento por cada trabajador, esté o no esté afiliado”, los famosos descuentos compulsivos, entonces hoy vos vas a ver que la mayoría de los sindicatos tienen aportes compulsivos de parte de todos los trabajadores independientemente que estén afiliados o no, con lo cual tenían plata que les ingresaba igual. No necesitaban tener contento al trabajador para que no se desafilie, total la cobraban igual la plata. Eran agentes patronales. Un día un funcionario del gobierno me dice: “en los ´70 luchábamos contra la burocracia sindical, pero ahora el gran problema del movimiento obrero es que se desburocratizó”, ¿Cómo? – le digo-, “y sí, claro, porque antes la burocracia para mantener su base, para mantener a sus delegados tenían que dar cosas, ahora no necesitas ni tener afiliados, cuantos menos delegados hay mejor, total la guita les viene de otro lado”.

Bueno este fenómeno de la década del ´90 llevó a que se pierda una enorme cantidad de comisiones internas de cuerpos de delegados. Con el kirchnerismo se empezó a reorganizar, pero con varios inconvenientes producto de esta situación. Primero la tercerización que había avanzado de forma cualitativa y se veía como una normalidad, en la década del ´80 o en el ´70 ya estaba el trabajo por agencia, pero era solo un tiempo y después se incorporaba al trabajador a planta permanente. Bueno ahora no solo pasa a ser tercerizado parte del trabajo, sino que aparte empezaron a crear inclusive sindicatos de tercerizados o mejor dicho sindicatos precarizadores. En una discusión con un funcionario del Ministerio de Trabajo yo le digo:

– Escuchame una cosa: en la década del ´30 ¿quién limpiaba la fábrica? ¿o no la limpiaban?

– Un peón de limpieza – me contesta.

– Bueno ¿y en qué convenio estaba el peón de limpieza? “

– En el convenio de industria

– Bueno y ¿por qué ahora están todos tercerizados en el de maestranza?

Es decir que hubo una liquidación, se sacaron convenios, muchos convenios, o directamente algunos dejaron correr, que toda la limpieza pase a ser tercerizada contratando a una empresa externa que trae laburantes a limpiar, como hacen muchos países del mundo, y después se creó el sindicato de maestranza para justificar la tercerización de esas empresas. Nosotros cuando incorporamos a los compañeros de limpieza, los metimos adentro del convenio, nos cagamos a trompadas con el sindicato de maestranza, pero a las piñas. Corriendo vino la patota porque nos llevábamos a los afiliados que tenían en condiciones paupérrimas. Otro ejemplo: la gente de seguridad. Yo en la década del ´80 iba a entrar a trabajar en el Correo, que era del Estado como ahora, antes de que lo tome  Franco Macri. Iba a entrar a laburar en el Correo y no entré a laburar porque el único puesto que había era el de seguridad, era un puesto convencionado dentro del convenio colectivo de los trabajadores del Correo, si la seguridad estaba convencionada no era que había sindicatos de seguridad, sindicatos de seguridad hubo a partir de los ´90 para justificar la tercerización de los trabajadores de seguridad y así podemos hacerlo generalizado. A los trabajadores de mantenimiento los metieron en un convenio de la UOCRA, entonces la UOCRA y el sindicato de Comercio se transformaron en sindicatos que firmaban convenios de cualquier cosa. En esta situación estaba el movimiento obrero. A principios del kirchnerismo hubo un enfrentamiento muy fuerte peleando muchos sindicatos, entre ellos Camioneros fue uno de los que más pelea dio. Nosotros, Camioneros, Ferroviarios tuvimos la iniciativa de tomar  lo que en realidad nos pertenecía que eran trabajadores que estaban mal encuadrados en otros gremios, obviamente siempre a la baja. Eso fue una pelea y para eso hubo que organizarse, entonces se retomó la organización de sectores muy importantes para el movimiento obrero, estos sectores estaban muy desorganizados. Comercio era un gremio que en la década del ´90 no tenía un solo delegado, ahora todos los grandes supermercados, todos, tienen delegado, hubo un nivel de organización mucho mayor. Cuando hay crecimiento, desarrollo del empleo, empieza a haber una organización mucho mayor.

Entonces, en este contexto ¿Cómo va ese proceso de un poco por abajo, de que se empiezan a juntar los sindicatos?

Bueno hay un panorama que es el que todos conocemos, han salido los más popes, los más importantes de la CGT a decir “Vamos a la unidad”, contradictoriamente por abajo se da otro tipo de unidad. Por ejemplo en las provincias la unidad de gremios provinciales, seccionales, regionales o gremios provinciales entre la CGT y la CTA es común ya desde hace varios años, porque actúan en común, entonces en Rosario hay movilizaciones y acciones, en Santa Fe, de trabajadores intersindicales entre CGT y CTA. Acá en Capital hay reuniones intersindicales de gremios de CGT y CTA, es decir los gremios que decimos que quieren enfrentar fuertemente al gobierno. El otro día en Villa Constitución hubo un plenario muy interesante donde hubo varias seccionales de la UOM, la bancaria de Santa Fe, fuimos gremios de Capital, donde confluyeron diferentes corrientes. Hay una corriente que se llama Corriente Político Sindical dentro de la CGT, la Corriente Federal de la CGT, estábamos los de CTA, había del CTA Michelli, todos juntos. Fue antes del veto a la ley donde todo el mundo planteaba la necesidad del paro general justo cuando se había vetado la ley ese día, nos enteramos ahí que habían vetado la ley. Confluimos, discutimos, hemos logrado hacer cosas interesantes. El 24 de marzo marchamos juntos, cuando fue la votación a favor de los fondos buitres hubo una solicitada que sacamos en algunos diarios de gremios de la CGT y la CTA en común rechazando el voto a favor de los buitres. La marcha del otro día en Plaza de Mayo, fue un acto que más allá de que en la convocatoria estaban las dos CTA, se pudo lograr hacer un acto con tanta importancia masiva, porque hubo gremios de la CGT que decidieron convocar también a ese acto, La Bancaria, Gráficos, varias seccionales de la UOM que participaron. Entonces creo que por abajo se está dando esto: empieza a haber un fenómeno de unidad que va de la mano de la necesidad de enfrentar los planes del gobierno. Por arriba no sé qué unidad va a haber, el proceso está en curso. Lo que sí veo, lo que es más interesante para mí de este proceso, es que empieza a haber por abajo un montón de gremios que antes quizás por estos prejuicios no nos juntábamos, nos conocíamos, hablábamos, nos sentábamos a tomar un café, pero era todo entre cuatro paredes y no salía de ahí. Ahora no tenemos problema de decir que estamos trabajando juntos.

Yo soy secretario de Salud laboral de la CTA Nacional, para septiembre estamos organizando una conferencia iberoamericana de salud laboral donde estamos trabajando en común con sindicatos de CGT y CTA, estamos hablando, discutiendo, estamos organizando la conferencia y estamos trabajando unos manuales en común entre todos. Empieza a haber una confluencia de diferentes gremios porque lo que va a empezar a determinar, independientemente de la sigla, es quién apoya este modelo y quien está en contra de este modelo y eso es lo que va a definir en esta nueva etapa, pero yo creo que puede haber, pueden ahora generarse las condiciones objetivas para que haya una nueva transformación ¿Qué nombre tendrá? Si tendrá nombre no sé. Para mí lo de los nombres es relativo, es bueno generar una estructura, pero cuando las generás se transforman en conservadoras. Cuando el proceso cae, a veces sirve tener una estructura, pero a veces esas propias estructuras te ponen un límite cuando el proceso quiere avanzar, veremos qué va a pasar.

Hay un tema para mi muy importante: el rol de la corriente político sindical que conduce Hugo Yasky, que junto a otros compañeros pelearon por defender el modelo político, pero que al mismo tiempo pelearon por defender los intereses de los trabajadores de sus sindicatos. Esa combinación fue la forma más genuina de defender esas políticas. A nosotros nos decían oficialistas y éramos de los sindicatos que más huelgas hacíamos, y lo mismo pasó con los docentes que tuvieron grandes huelgas en la gran década pasada. Me siento parte de este fenómeno llamado CTA con mucho orgullo.