Las desindependencias en la Argentina


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La Declaración de la Independencia, celebrada en Tucumán el 9 de julio de 1816, constituye  un hito histórico por la valiente decisión de iniciar el camino para salir de la dominación española que amenazaba con recuperar la posesión de sus colonias. Desde entonces, dos proyectos antagónicos de país se han venido enfrentando y, a lo largo de doscientos años, es posible reconocer las marcas de esa disputa, los flujos y los reflujos de una determinación que a lo largo de nuestra historia estuvo en avance o retroceso de acuerdo al bloque de poder que gobierna nuestro país.

El proyecto del unitario Bernardino Rivadavia, quien toma los resortes del poder en el año 1820, y cuenta con el triste antecedente de ser el fundador de la deuda externa argentina, exhibe la representación más cabal de los intereses británicos en las Provincias Unidas. El endeudamiento con la Banca Baring Brothers, de Londres, es un antecedente desgraciado para la soberanía nacional y sella el vínculo de dependencia entre la clase oligárquica porteña y el capital británico. Esté fue un estigma, la pulsion por el endeudamiento como forma de consolidar la dependencia de nuestra nación, que a lo largo del transcurrir de nuestra historia volverá a aparecer una y otra vez.

El proyecto que se contraponía al rivadaviano, precursor del mitrista, fue el de las montoneras federales y de los denominados “caudillos del interior” (Facundo Quiroga, El Chacho Peñaloza y Felipe Varela, entre otros) quienes impulsaban un proyecto integrador y luchaban contra la prepotencia centralista. Esa visión de país es retomada desde otra perspectiva, bajo el gobierno de Juan Manuel de Rosas, una vez más confrontado por la oligarquía y sus aliados externos.

Podemos identificar 1918 como un año bisagra en cuanto a la reacción de los sectores medios y populares por recuperar tanto terreno perdido, y hacer valer sus derechos y conquistas tan postergadas por parte de la clase dominante. La lucha por la reforma universitaria es un chispazo que permite romper con el tradicional control de la Educación Superior que ejercían los sectores socialmente más acomodados.

En 1945, con el nacimiento del peronismo y la constitución del sujeto histórico representado por la clase trabajadora, esa disputa entre dos sujetos de clase, dos núcleos, dos polos en tensión, entre una clase dominante y los sectores populares llegan a su punto de tensión. Por eso Braden fue la expresión de esos sectores oligárquicos, aliados al nuevo imperio, Estados Unidos, que había surgido con una potencia arrolladora a comienzos del siglo XX.

El derrocamiento de Juan Domingo Perón en 1955 y la recuperación del poder por parte de los sectores liberales, reducen los márgenes de autonomía nacional y se reincide en el endeudamiento externo. Estas mismas políticas de destrucción de la industria local, pérdida del poder adquisitivo de la clase trabajadora y aumento exorbitante del desempleo, alcanzarán su punto máximo con las políticas de la última dictadura cívicomilitar a partir de 1976 y del surgimiento del menemismo, ya en democracia, a partir de 1989.

El intento de reasumir la condición de nación independiente y de devolver a los sectores populares las conquistas arrebatadas se produce a partir del 2003; un hito, el rechazo del ALCA en el 2005; la conformación del MERCOSUR, la CELAC, la UNASUR. La búsqueda de la unidad latinoamericana con una mística y una épica, que se impregnó del espíritu de un bicentenario independentista con Chávez, Lula, Evo, Correa, Néstor y Cristina Kirchner.

Hoy, el gobierno de Macri trata de someternos nuevamente a los designios de los Estados Unidos, resucitando el frustrado ALCA, a través del tratado del pacífico. Mientras que el Estado ha sido copado por  empresarios de las  grandes multinacionales. Otra vez endeudamiento externo y pago a los fondos buitres, van de la mano con la persecución a luchadores populares, como Milagro Sala y Pitu Salvatierra; 200.000 despedidos; tarifazos; inflación; caída del salario, estrangulamiento de las pymes; entrega de la soberanía nacional, son algunos de los principales trazos de esta ofensiva restauradora.

En esta etapa histórica una vez más vuelve a ser fundamental el papel de los trabajadores y de los sectores populares, para recuperar la agenda de los pueblos y el camino de la independencia nacional y la unidad latinoamericana.