Macri gobierna para los ricos


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Hace ya un año que gobierna Mauricio Macri. Ganó las elecciones en el ballotage por una mínima diferencia. Mucho se ha dicho sobre la novedad histórica de este resultado y del armado que le dio cuerpo: pese a dedicarse hace más de una década a la política y haber gobernado por dos períodos el distrito más rico del país, Macri intenta mostrarse como alguien que no proviene ni de la política ni de un partido político tradicional.

Además, el macrismo “modernizó” la “vieja” política realizando una original campaña electoral con los métodos del marketing político, siguiendo una estrategia que en base a una amplia cobertura de algunos medios de comunicación apeló a una batería de consignas generales y abstractas que poco decían sobre las medidas concretas que Macri pensaba tomar, en particular en el terreno económico. Rodeado de globos y al son de la cumbia prometió la “revolución de la alegría”, afirmó que “podemos vivir mejor”, y tranquilizó a todos los votantes sosteniendo que “todo lo que anda bien va a seguir y lo que anda mal va a mejorar”.

Luego, llegó al poder. En primer lugar armó un gabinete compuesto por los gerentes (CEOs, llamativamente en inglés) de las más grandes empresas nacionales y multinacionales. Puso a cargo de cada Ministerio a un representante del sector que debería regular y controlar en nombre del Estado. Más que un gabinete Macri constituyó una junta de negocios de todos los sectores que lo habían apoyado en su rol de opositor y en su campaña electoral. En otras palabras, pagó apoyos políticos con ministerios. Detengámonos durante un segundo en este punto: las empresas petroleras, la Sociedad Rural, las exportadoras de granos, las grandes mineras, los bancos nacionales y extranjeros, las compañías energéticas, la Unión Industrial Argentina y los conglomerados mediáticos ya no tienen que hacer lobby ; son directamente parte del gobierno a través de sus representantes y ejecutivos que manejan los ministerios. Es un nuevo concepto. Gobiernan las corporaciones sin mediación, en vivo y en directo.

Una vez que asumió, Macri empezó a desplegar el mismo programa económico que traían sus economistas y sus aliados del establishment en el portafolio desde hacía 12 años. No hay ninguna duda, se trata de un típico plan económico neoliberal. El mismo que aplicaron varias veces en la Argentina y el mismo que se ha aplicado alrededor de todo el planeta, generalmente de la mano de los organismos multilaterales de crédito. Si una parte de la sociedad no se ha dado cuenta de esto es simplemente porque el aparato publicitario del gobierno intenta ocultarlo a cada paso, atrás de palabras como “sinceramiento”, “reparación”, “normalización”, “integración con el mundo”, “modernización”, y un largo etcétera.

El plan de Macri no puede caracterizarse por la propaganda, sino por las medidas. Debe leerse en el Boletín Oficial. Y también es fácil interpretarlo por sus consecuencias, ya bien visibles, inocultables.

La mera enumeración, más allá de toda excusa, de las medidas adoptadas por el gobierno es bien clara y elocuente. Macri inicia su gestión con una devaluación del 50%, acompañada por la liberalización financiera. Abre las importaciones de productos industriales pero también agropecuarios. Quita los impuestos a la exportación y retira todas las restricciones a la exportación de alimentos. Sube la tasa de interés interna (LEBACS). Intenta aumentar las tarifas de los servicios públicos para igualarlas al precio internacional y dolarizarlas. Apuesta a los tratados de libre comercio con Estados Unidos y Europa. Se propone poner un techo a las paritarias. Inicia una ola de despidos en el sector público. Le paga a las apuradas a los fondos buitre más de lo que reclaman. Esta no es una opinión sino una descripción de las medidas que objetivamente tomó el gobierno.

¿Cuáles son los resultados de esta seguidilla de medidas neoliberales dogmáticas? Todo menos una alegre revolución. A contramano de lo que afirmaron durante los últimos años, la devaluación del tipo de cambio oficial se trasladó a precios, generando una inflación cercana al 45%. Duplica la de 2015 (usando las mismas estadísticas del actual oficialismo). Ante este panorama, el gobierno jugó fuerte para poner un techo de 20 o 25% a las paritarias, que cerraron finalmente más cerca del 30%, produciendo una caída en picada del poder adquisitivo de los salarios, jubilaciones y demás ingresos. Como siempre pasa bajo el régimen neoliberal, lo primero que sufren son los salarios, y como resultado de esto se pulverizan la demanda y el mercado interno. Esta combinación de medidas configuró una tormenta perfecta para los pequeños empresarios y comerciantes nacionales. Las ventas caen porque no hay poder de compra, pero además se encarece el crédito, suben los costos de las tarifas y, para colmo, ingresan importaciones muchas veces en condiciones de competencia desleal. Es por eso que comienzan los cierres, cesantías y despidos. Aunque el gobierno lo negó durante meses, y con ese argumento vetó la Ley Anti-Despidos que sancionó el Congreso, los puestos de trabajo perdidos probablemente se acerquen a los 300 mil hacia fin de año. También aquí mintieron con eso de que “no se creaba empleo hace 5 años”: los números oficiales del Ministerio de Trabajo de Macri reconocen sólo para el sector privado registrado 150 mil, 290 mil, 82 mil, 55 mil, 9 mil, 140 mil puestos de trabajo por año desde el año 2010 a 2015. Y ni hablar de la mentira de que “no crecemos” hace 5 años: en 2015, aun con el enjuague estadístico, el gobierno de Macri reconoce un crecimiento de 2,4%. Por el contrario, este año la economía se va a contraer entre 2 y 3%.

Lógicamente, la recesión autogenerada provocó un desplome de la recaudación fiscal: los ingresos crecen 15 puntos porcentuales menos que la inflación. Es así que el déficit también se incrementa. Luego de retocar y revisar mil veces los números, el gobierno de Macri reconoció que el déficit fiscal de 2015 alcanzó 4,2% del PIB. Este año probablemente supere el 5%. Para cubrir ese agujero Macri decidió endeudar al país en dólares. Así fue como en un solo año duplicó la deuda externa “heredada”.

Seguramente durante 12 años se lograron muchas cosas y quedaron otras tantas tareas por realizar en lo que respecta a la industrialización, la integración regional e internacional. Ahora bien, es indudable que con políticas económicas neoliberales de exclusión, caída del salario, desindustrialización y reprimarización nuestro país no va a tener avances sino retrocesos. Probablemente la caracterización más certera y sencilla no haya sido acuñada ni por los especialistas ni por los políticos, sino por el pueblo: Macri gobierna para los ricos.