Malvinas: memoria, paz y soberanía


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Hay tantas miradas sobre Malvinas como protagonistas del conflicto bélico de 1982. Esas perpectivas nos ayudan a ampliar nuestro vínculo con las Islas, a pensar sobre los errores y los aciertos de nuestra propia historia, la que nos conforma como Nación y sobre la que debemos reflexionar constantemente, más aun en estos días en que se conmemoran los 200 años de la independencia de la Patria. Rescatar esa parte de nuestra identidad como pueblo  es imprescindible.

Las imágenes de la guerra son imborrables y las postales de aquellos días perduran en el tiempo. Conviviendo con ese pasado uno se sumerge constantemente en los laberintos de una memoria que nos marcó a fuego. Los recuerdos con sus verdades nos golpean una y otra vez, manteniendo viva la causa Malvinas.

Cómo olvidar el fervor patriótico que se generó el 2 de abril de 1982 con el anuncio de la recuperación de las islas. La Plaza de Mayo colmada con los colores celeste y blanco, el discurso del dictador Galtieri con el “si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”, los 74 días del conflicto bélico, y finalmente el final de la guerra con la rendición el 14 de junio. La derrota cierra el terrible capítulo de la dictadura y abre paso a la transición democrática.

En estos 34 años se han dado pasos fundamentales en la consolidación de una política de Estado sobre la causa Malvinas. Hay que recordar que desde la incorporación del tema en la Constitución Nacional en 1994, hasta la Declaración de Ushuaia en 2012, todas las fuerzas políticas fijaron los lineamientos básicos que ponen como objetivo prioritario, permanente e irrenunciable la recuperación de la soberanía sobre las islas. Cada gobierno que llega al poder en Argentina, debe reafirmar que la causa Malvinas es parte de esta pertenencia que tenemos como nación. Ese mandato popular también es un respaldo para seguir reclamando nuestros derechos en todos los foros internacionales, sabiendo que toda negociación con el Reino Unido debe contemplar la existencia de esta controversia, de su encuadre en el Derecho Internacional y de las Resoluciones de las Naciones Unidas. Toda estrategia que no esté encaminada en este sentido está en contra del mandato constitucional y defrauda las aspiraciones del pueblo argentino sobre esta cuestión. A través de la diplomacia debemos seguir buscando los caminos para resolver el diferendo, por eso es necesario advertir que no se pueden tolerar en silencio los atropellos sin asumir la existencia del conflicto. Una y otra vez debemos reclamar el diálogo y recorar la resolución 2065 de Naciones Unidas, aprobada hace más de 50 años, que reconoce la existencia de una disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido en torno a las Islas Malvinas, afirma que el caso se encuadra en una situación colonial, e invita a las partes a resolver sin demora la disputa de soberanía.

El reclamo de recuperación de nuestra soberanía implica la firme defensa de nuestros recursos naturales renovables y no renovables. Hay que impulsar todas las acciones diplomáticas, políticas y judiciales para impedir el saqueo nuestro patrimonio y la agresión al medio ambiente. Una de ellas es la denuncia de la creciente militarización del Atlántico Sur por parte del Reino Unido. Los británicos manifiestan sin ningún reparo que las islas Malvinas son la puerta para la conquista de nuestro territorio soberano en la Antártida. Mirando hacia el futuro, pretenden posicionarse en la discusión de los países que integran el Sistema del Tratado Antártico y reclamar como propios los recursos naturales, minerales y la mayor reserva de agua dulce del mundo que hay por debajo del paralelo 60 Sur. Su reclamo apunta al mismo sector que pretende Argentina en el continente blanco.

En este año del bicentenario, a 183 años de la usurpación británica de la nuestras Islas, las Naciones Unidas produjeron un nuevo hecho que respalda nuestra lucha. A través de un fallo se reconoció la extensión del límite exterior de nuestra Plataforma Continental, reafirmando los derechos de soberanía de Argentina en una zona política, económica y estratégicamente tan importante como el Atlántico Sur. El nuevo límite exterior de nuestra plataforma marítima austral incorporó 1.700.000 kilómetros cuadrados de superficie. El fallo, que sienta un importante precedente histórico, lo determinó la Comisión del Límite Exterior de la Plataforma Continental, un órgano científico integrado por 21 expertos internacionales de reconocido prestigio y creado por la Convención de la ONU sobre Derecho del Mar. La medida se adoptó por consenso el 11 de marzo pasado, en una reunión que evaluó las recomendaciones presentadas por la Argentina desde el año 2009.

En la dinámica que tiene la política exterior, un hecho reciente también produjo cambios en el escenario. La votación en el referendum del pasado 23 de junio en el que la mayoría de los británicos decidieron la salida de la Unión Europea puede fortalecer nuestro reclamo. Las islas, para los británicos,  son territorio de ultramar del Reino Unido, y a partir de esta decisión, dejará de ser un territorio asociado de la Unión Europea, tal como lo establece la Constitución que integran los 27 países del Viejo Continente desde año 2007. España ya anticipó que reclamará por el peñón Gibraltar y propuso un periodo de transición de soberanía compartida, en camino hacia la restitución plena del territorio que el imperio británico usurpó hace más de tres siglos.

Mientras tanto, a 34 años de la guerra comienza  a saldarse una deuda histórica con los caídos. En el cementerio ubicado en Darwin y a unos 88 kilómetros de Puerto Argentino, en donde descansan los restos de 234 de los soldados que murieron durante el conflicto bélico de 1982, la Cruz Roja encabezará un operativo para reconocer a los 123 tumbas de soldados que están identificadas con la leyenda “Soldado argentino sólo conocido por Dios”. Se llevaría a cabo en enero de 2017.

Se hace imprescindible reinterpretar una y otra vez nuestra historia, pensarla, revisarla y debatirla para transmitirles a nuestros hijos el relato de lo pasado. Una sociedad jamás será justa si no tiene memoria y ésa es una batalla que exige una tarea cotidiana sobre el reconocimiento y la lucha permanente por la recuperación de la soberanía de nuestras Islas. A 200 años de nuestra independencia, como decía Arturo Jauretche “Si malo es el gringo que compra, peor es el criollo que nos vende”.

Tenemos en claro que la integración regional es nuestra principal fortaleza para transitar el camino de la recuperación de nuestras islas, los ex combatientes forjamos una consigna que acompaña siempre nuestra lucha: “Volveremos a Malvinas de la mano de América Latina”.

En el Bicentenario de la Patria, Malvinas, memoria, paz y soberanía son las banderas que elevamos en alto en favor de una causa justa y que le pertenece al pueblo argentino.