Nunca hay almuerzos gratis cuando se juega con la deuda


Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+

El 2016 ha sido un año que permitirá entender claramente cuánta confusión (¿o será otra cosa?) tiene el equipo de gobierno respecto del manejo de la política económica. El enfoque más directo para visualizar este punto es la enorme cantidad de equivocaciones respecto de las distintas estimaciones que sus miembros fueron dando previo al 10 de diciembre de 2015 y las que fueron realizando luego a lo largo de todo este año. Probablemente, todas las predicciones económicas que plantearon fueron no acertadas, y todavía seguimos a la espera de la reactivación de la economía, alcanzar un techo en la inflación, que se detenga el crecimiento de la desocupación y se cree empleo, y entender sobre qué sendero se alcanzará el poco real concepto de pobreza cero, sobre todo en una economía que genera cada vez más excluidos.

En este sentido, en la experiencia argentina todos los gobiernos que han llevado adelante políticas neoliberales han fracasado más rápido que tarde, y han tenido como resultado crisis sistemáticas y enorme peso para la economía en su conjunto y para los trabajadores y asalariados en particular. Los problemas de ejecución del “mejor equipo de los últimos 50 años” son que basan su política económica sobre conceptos teóricos muy generales, de otra época y sobreideologizados, que en la práctica funcionan en contextos muy particulares, en una particular desconexión de la coyuntura económica y política internacional, y que están dispuestos a pagar costos, por ejemplo con el crecimiento del desempleo y marginalidad social, del que ni ellos mismos entienden su real impacto económico y social, y su persistencia en el tiempo.

La deuda

Uno de los factores más peligrosos sobre los que está construyendo su política macroeconómica el gobierno de Cambiemos, y sobre el que vamos a poner foco en este artículo, es el irresponsable crecimiento de la deuda externa e interna, y el sendero de creciente desmanejo en la administración de la deuda que pone en riesgo su sustentabilidad. Ningún ciclo conocido de crecimiento desmesurado de la deuda tuvo resultados positivos para nuestro país ni para su desarrollo.

Durante los gobiernos kirchneristas se produjo un fenomenal proceso de desendeudamiento. Es decir la deuda pública representaba a finales de 2003 un 138% del PIB [1] y al final del segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner la relación había descendido a aproximadamente el 43,5%. Este proceso permitió ganar soberanía política e independencia económica, dado que a través de la deuda y sus servicios se generan condicionamientos externos a los países (como olvidar la el rol del FMI sobre la economía de los ‘90s), además de permitir destinar la recaudación a la mejora de las políticas sociales e inversiones necesarias para el desenvolvimiento.

Durante la gestión K además de disminuir la deuda, cambió significativamente su composición haciéndola más manejable y sustentable: en 2003 el 98% de esa deuda era con acreedores privados y Organismos internacionales, mientras que antes del 10 de diciembre de 2015 de la deuda total bruta el sector privado poseía el 26% (10,5% con respecto al PIB), los Organismos Internacionales el 13% (5,5% del PIB) y el 61% el sector público (más del 25% del PIB). Es decir que el acreedor principal del Estado es el Estado mismo. Hoy eso está cambiando.
El vuelco que ha dado el gobierno de Mauricio Macri en este sentido es de 180%. No sólo se está gestando un acercamiento al FMI (que seguramente en el corto plazo implique el reanudamiento de los préstamos del Fondo) con las implicancias que eso tiene para nuevamente condicionar la política económica, sino que el crecimiento de la deuda es un pilar básico para el actual modelo económico.

Parece más bien temerario sustentar un programa económico sobre la deuda luego del impacto que ha tenido la victoria (para nada improbable) de Trump en la carrera presidencial estadounidense. La cantidad de dólares disponibles en bancos y fondos de inversión para países emergentes ha disminuido como consecuencia de ese triunfo y disminuirá considerablemente en la actual coyuntura, lo que implica además un creciente aumento del costo en caso de ir a buscar fondos al mercado externo, si es que esos fondos terminan existiendo.

El primer acto de este proceso de pérdida de soberanía y tropiezos estratégicos respecto de la administración sustentable de la deuda fue la cara y apresurada capitulación con los buitres (sería un desacierto llamarla negociación), con la ilusoria (¿será inocente?) promesa de que ese era el paso necesario y final para atraer la lluvia de inversiones, que finalmente nunca vinieron y nadie sabe a ciencia cierta si vendrán. De haber mantenido una actitud negociadora más firme y soberana, es probable que se hubiese podido lograr una quita mucho más significativa y equitativa en el pago, logrando un pago equivalente para todos los fondos litigantes. Recordemos que el gobierno distinguió entre acreedores, a algunos les pagó un 50% sobre el capital y a los buitres de Singer les pagaron hasta casi cuatro veces el capital. Singer también hubiese tenido una ganancia fenomenal también con el 50%, recordando que compró esa deuda al 25% del monto del capital. Y ni empecemos a hablar de todas las comisiones que se pagaron en el medio.

¿Y por qué el Gobierno apela de manera recurrente a la deuda? Porque el actual plan de endeudamiento busca principalmente resolver dos cuestiones: cubrir el déficit fiscal del gobierno para afrontar gastos corrientes (déficit que fue profundizado por la eliminación de las retenciones al agro y a la minería y por el parate de la actividad que generó su plan económico, que disminuyó aún más en términos reales la recaudación tributaria) y cubrir la falta de dólares que no ingresan ni por superávit comercial ni por las prometidas y elusivas inversiones extranjeras.

Algunos números de la gestión macrista

Durante la gestión del gobierno del presidente Mauricio Macri, la deuda total del tesoro aumentó del 43,5% del PIB a 55%, lo que implicó un crecimiento de aproximadamente USD 35.000 millones. Este crecimiento y las proyecciones para el mismo endeudamiento según el proyecto de presupuesto (que tiene una visión optimista que lo sustenta, a nuestro entender no muy realista en la actual coyuntura local e internacional) colocan a la Argentina en una zona para fines del 2017 cercana al 60% del PIB (como mínimo), lo que empieza a ubicar a Argentina dentro de ciertos limites de vulnerabilidad en salud financiera determinada por la relación Deuda/PIB (por ejemplo el tratado de Maastrich determina, para los países europeos, un tope de 60% sobre el PIB y Argentina está muy cercana a esa relación en un tiempo muy corto, en un escenario mundial de enorme incertidumbre financiera y de imprevisibilidad local, visto la política económica aplicada desde diciembre de 2015).

En lo que va de 2016, las emisiones de deuda en la Argentina alcanzaron USD 53.527 millones, iniciando un nuevo proceso de imprudente sobreendeudamiento de la economía nacional. Y el punto más peligroso es que ese financiamiento se recuesta sobre acreedores internacionales del sector privado, es decir bancos y fondos de inversión, el grupo más complicado para negociar en escenarios adversos. Si tomamos todas las emisiones del 2016 y las que vendrían en el 2017 (incluyendo los pagos de intereses) implicarán un guarismo de casi USD 140.000 millones, es decir que en dos años casi alcanzan casi el 30% del producto bruto.
Para ponerlo en términos bien prácticos: significa que el país, en la actual fiesta de la deuda, circula USD 200 millones por día que es la suma de emisiones más intereses. Es decir que cada mes, una familia tipo acumula por las diversas emisiones de deuda un saldo aproximado de USD 600, o sea más de $ 9.000 mensuales de deuda sobre sus espaldas.

Que éste nuevo ciclo de endeudamiento se recueste sobre el endeudamiento externo, crea un factor de importante riesgo para nuestro país, siendo nuestra economía una que produce en pesos, mientras que se pronostica un déficit comercial en el sector externo para los próximos años, lo que implica una escases de dólares no financieros.

Todos los procesos de endeudamiento, se llevaron adelante para paliar los desajustes del cambio de política macroeconómica. El presidente Macri anuncio por los medios de comunicación, que Argentina iba a utilizar toda la deuda externa que fuera necesaria. Y así se hizo y se está haciendo. Las emisiones fueron a recomponer pagos primero a los fondos buitres, a otros acreedores, a utilizar los ingresos en moneda extranjera para permitir la remisión de utilidades al exterior de los agentes económicos y más tarde, más que financiar la inversión de largo plazo en Argentina los recursos existentes como lo prueba la información publicada por el BCRA, financian peligrosamente la fuga de capitales, finalidad recurrente en los gobiernos neoliberales.

Conclusiones y alertas

Es primordial incorporar en la agenda de la oposición el gravísimo problema que significa para nuestro país el irresponsable manejo de la deuda externa que está haciendo el actual gobierno. Sólo en el primer año, y lo que ya se anuncia para el segundo se está llevando los niveles de deuda y pagos de interés a niveles preocupantes. En un contexto internacional de suba de tasas, las inversiones y el financiamiento serán, con una alta probabilidad, menores y más caros de los necesarios. Que no nos sorprenda que en la desesperación en la que entran los gobiernos neoliberales, para atender los requerimientos de moneda extranjera y a las exigencias y compromisos tomados con las naciones hegemónicas occidentales, se termine no sólo entregando soberanía al mercado internacional y organismos como el FMI, sino sobreendeudando al tesoro, y probablemente privatizando los activos estratégicos que el estado logró recuperar en la década anterior. Ya sabemos como termina esta historia… Pero como siempre ocurre con la economía, la política en el gobierno como, en este caso la oposición, aún está a tiempo de impedir males mayores.

Así lo determinará la sociedad y el pueblo, si miramos con escasa o nula atención los hechos que aún son evitables

[1] Una de las maneras más transparente y efectiva de medir la deuda de un país consiste en ver cuánto representa ésta respecto de la capacidad de un país para generar riqueza en un año (es decir el Producto Interno Bruto), dado que el monto de la deuda es relevante sólo relativo con el tamaño del país y su capacidad económica.

 

Arnaldo Bocco fue Director del BCRA, antes Presidente del Banco de Inversión y Comercio Exterior BICE. Actualmente dirige el Observatorio de la Deuda Externa, UMET Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo.

Facundo Bocco Proietti fue hasta diciembre 2015 Subsecretario de Financiamiento de la Secretaría de Finanzas del MECON. Integra el Observatorio de la Deuda Externa, UMET Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo.